A todos aquellos que han sido obedientes al impulso del Espíritu de Dios en dar lo necesario para que ésta preciosa y necesaria labor continúe, queremos expresar nuestra más sincera gratitud, reconociendo que, sin sus aportes, no seguiríamos aquí, por eso…
A ti, que nos mantienes en tu corazón, en tus pensamientos, oraciones y en tus fuerzas…
A ti, que sigues amando ésta casa como desde el primer día que la conociste…
A ti, que sabes lo importante de darnos tu apoyo, tu compañía, tus palabras, tus talentos, y tus dones de diversas maneras…
A ti, que sabes cuán importante es la formación ministerial en el plan de Dios para la humanidad…
A ti, que no te rindes y nos contagias de tu entusiasmo por continuar…
A ti, que sabes cuánto nos ama el Señor y lo que hacemos aquí… A ti, que nos ayudas a mejorar…
¡Gracias, gracias, gracias!
¡Que el Señor te recompense por lo que has hecho! Que el Señor, Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte, te lo pague con creces. Rut 2:12 NVI